Falsificación de marca: cuando el daño reputacional supera la ganancia del infractor

Proteger una marca cuesta más de lo que muchos directivos anticipan —y no protegerla puede costar mucho más. Una sentencia reciente de la Audiencia Provincial de Madrid lo ilustra con precisión aritmética: una comerciante condenada por falsificación habría generado cerca de 3,000 euros con la venta de artículos apócrifos de trece marcas, pero deberá pagar una indemnización que supera los 24,000 euros, ocho veces ese margen. El caso, que inició con una inspección policial en 2020 tras la incautación de más de 4,000 mascarillas con logotipos no autorizados, subraya un principio que los equipos legales y de marca deben interiorizar: el daño reputacional y la erosión del valor percibido superan sistemáticamente el beneficio económico del infractor.

Este caso no es una anomalía. El comercio de productos falsificados genera pérdidas anuales estimadas en 83,000 millones de euros para las industrias europeas, según datos de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO). Sectores con alta exposición —textil, lujo, farmacéutico y tecnología— enfrentan un riesgo doble: la erosión directa de ingresos y el debilitamiento de la confianza del consumidor en la autenticidad del producto. Para organizaciones con portafolios de marca consolidados, la vigilancia de propiedad industrial ha dejado de ser una función exclusivamente legal para convertirse en una variable estratégica de competitividad. McKinsey & Company ha documentado que los activos intangibles, entre ellos las marcas, representan hoy más del 90% del valor de mercado de las empresas del S&P 500, lo que convierte su protección en una prioridad de primer nivel para el C-Suite.

Para directivos que operan en México y América Latina —donde los marcos regulatorios de propiedad intelectual están en constante evolución y las capacidades de enforcement son variables—, este tipo de precedentes judiciales tiene relevancia operativa inmediata. Mantener equipos activos de monitoreo de marca, establecer protocolos de colaboración con autoridades aduaneras y policiales, y documentar con rigor el impacto económico de cada infracción son prácticas que fortalecen tanto la posición legal como la capacidad de recuperación ante litigios. La resolución española también abre un debate relevante: la suspensión condicional de la pena por ausencia de antecedentes plantea interrogantes sobre la proporcionalidad de las sanciones frente a redes de falsificación más complejas, lo que sugiere que la vía judicial individual raramente es suficiente por sí sola. Complementarla con estrategias proactivas de enforcement, inteligencia de mercado y educación al consumidor es, hoy, la apuesta más sólida para preservar el valor de uno de los activos más críticos de cualquier empresa moderna.