Conducción remota y car-sharing eléctrico redefinen la gestión de flotas urbanas

Corea del Sur se posiciona como laboratorio de referencia en movilidad urbana al implementar vehículos eléctricos que se desplazan de forma autónoma hasta el usuario, son conducidos por este durante el tiempo necesario y regresan a su base mediante un operador remoto conectado a través de redes 4G o 5G. Este modelo elimina dos fricciones históricas del car-sharing tradicional: la disponibilidad geográfica del vehículo y la obligación de devolverlo en un punto fijo. Para las organizaciones que administran flotas corporativas, la señal es clara: existe una vía concreta para reducir el costo total de propiedad sin sacrificar disponibilidad operativa.

El piloto se desarrolla en Pangyo, provincia de Gyeonggi, utilizando una camioneta eléctrica tipo van como unidad base. Los usuarios reservan el vehículo mediante una aplicación que coordina su desplazamiento autónomo hasta el punto de recogida; al concluir el uso, un conductor remoto retoma el control por conectividad inalámbrica para devolver la unidad al garaje central. El proyecto involucra a un desarrollador de soluciones de conducción remota, un operador de servicios de movilidad, la Autoridad de Tráfico de Carreteras de Corea —que participa en las revisiones regulatorias—, un operador de telecomunicaciones y varios institutos de investigación. En abril de este año, el Ministerio de Tierra, Infraestructura y Transporte otorgó una exención especial dentro del sandbox regulatorio de conducción remota, habilitando pruebas en vías públicas que antes no eran viables. Este tipo de marco, que facilita operaciones en condiciones reales bajo supervisión institucional, ha sido utilizado en otros mercados para acelerar la adopción de vehículos autónomos y servicios de movilidad compartida.

Para la gestión de flotas corporativas, las implicaciones son sustanciales. Hoy, una flota propia implica costos fijos de mantenimiento, seguros, estacionamiento y personal logístico, independientemente del nivel de uso real. Un esquema de car-sharing con retorno remoto transforma esos costos fijos en variables: el vehículo opera solo cuando es necesario y regresa sin intervención humana. Esto resulta especialmente ventajoso para operaciones con demanda irregular —equipos de campo, visitas a clientes, logística de última milla— donde la ecuación financiera puede cambiar de forma sustancial. La viabilidad comercial del servicio depende de tres variables que el piloto busca cuantificar: la latencia y confiabilidad de la conectividad 5G en tráfico real, el comportamiento del sistema de conducción remota ante situaciones no estructuradas y la aceptación del usuario hacia un modelo de entrega sin conductor físico. Los datos recopilados durante el periodo de prueba definirán los parámetros de expansión proyectada para 2027. Si los resultados son positivos, el modelo podría escalar a mercados donde la infraestructura 5G esté consolidada, abriendo nuevas oportunidades para la movilidad corporativa y la logística urbana en la región.