Escasez de empleo formal en Argentina intensifica la competencia por plazas registradas
Cientos de personas formaron una fila de más de diez cuadras en Ezeiza para participar en una jornada de entrevistas convocada por una distribuidora alimenticia con apenas 40 vacantes disponibles. La escena, amplificada en redes sociales, no constituye un hecho excepcional: es una expresión visible de una tensión estructural en el mercado laboral argentino que los estrategas de recursos humanos y líderes organizacionales no pueden ignorar.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondientes al segundo trimestre de 2026, solo el 48% de los empleos asalariados en Argentina están registrados formalmente. El 25% restante corresponde a trabajo no registrado y el 27% a ocupaciones no asalariadas. Esta distribución explica por qué una convocatoria sin información sobre salarios, responsabilidades ni condiciones contractuales fue capaz de movilizar a una multitud desde la noche anterior. Entre los postulantes se identificaron perfiles heterogéneos: jóvenes de entre 18 y 20 años en busca de su primer empleo formal, trabajadores con trayectoria en construcción, gastronomía y comercio que buscan salir de la informalidad, y personas ya empleadas que priorizan la estabilidad y el acceso a aportes jubilatorios y cobertura médica.
Este fenómeno plantea preguntas de fondo para quienes diseñan estrategias de atracción de talento. Una convocatoria presencial masiva, sin filtros digitales previos ni información transparente sobre las vacantes, genera aglomeraciones que podrían gestionarse con mayor eficiencia mediante herramientas de preselección en línea. En un contexto donde la reputación del empleador se construye también durante el proceso de selección, la forma en que las organizaciones administran una demanda laboral excedente se convierte en un indicador de madurez institucional. Mientras la brecha entre oferta y demanda de empleo registrado en el conurbano bonaerense no se cierre, escenas de esta naturaleza seguirán siendo recurrentes, y las empresas que no adapten sus modelos de reclutamiento enfrentarán tanto ineficiencias operativas como riesgos reputacionales crecientes.



