Consolidación en la industria del videojuego: cuando los estudios icónicos se vuelven prescindibles

Consolidar recursos en franquicias probadas, a costa de cerrar estudios con décadas de historia, se ha convertido en la nueva lógica operativa de los grandes conglomerados del entretenimiento digital. Electronic Arts anunció el cierre de una de sus divisiones más reconocidas —responsable de títulos de rol que marcaron generaciones de jugadores— y la eliminación de aproximadamente 400 puestos de trabajo, en una decisión que refleja una reconfiguración profunda de su modelo de negocio.

Lejos de contraerse, la compañía redirige su inversión hacia propiedades intelectuales con tracción probada en el mercado masivo: un título de servicio en vivo con millones de usuarios activos, un proyecto basado en una licencia de Marvel y una nueva entrega de una franquicia de ciencia ficción de alto perfil. Paralelamente, dos de sus estudios de desarrollo colaborarán en la próxima entrega de una de las series de acción bélica más vendidas del mundo. El patrón es claro: menos apuestas creativas de alto riesgo, más extensiones de marcas con demanda garantizada.

Para los estrategas corporativos y tomadores de decisiones en América Latina, este movimiento ofrece una señal de mediano plazo relevante. Según datos de Newzoo, el mercado global de videojuegos superó los 180,000 millones de dólares en 2023, pero la rentabilidad se concentra cada vez más en un número reducido de títulos. McKinsey ha documentado un fenómeno similar en otras industrias creativas: la polarización entre blockbusters de alto margen y proyectos de nicho con retornos inciertos obliga a las corporativas a tomar decisiones de portafolio más agresivas. En ese contexto, el cierre de estudios con identidad propia —pero con historial reciente de resultados mixtos— no es una anomalía, sino una tendencia estructural que seguirá presionando al sector en los próximos años.