Formalización laboral juvenil en Iberoamérica: brechas y desafíos de cobertura social
Comprender por qué los jóvenes iberoamericanos permanecen al margen del empleo formal y de los sistemas de protección social es uno de los retos más urgentes para los diseñadores de política pública y los líderes empresariales de la región. Una encuesta regional titulada 'Percepción de las personas jóvenes frente al empleo, el emprendimiento y la seguridad social' —respaldada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo— ofrece evidencia empírica sobre las condiciones de inserción laboral de este segmento, sus experiencias en el emprendimiento y las barreras que enfrentan para acceder a mecanismos de protección social en países como Bolivia, Brasil, Chile y República Dominicana.
Entre los aportes metodológicos más relevantes del estudio destaca el Índice de Afiliación Juvenil a la Seguridad Social (IAJ-OISS), una herramienta cuantitativa diseñada para analizar el grado de vinculación de los jóvenes con los sistemas de seguridad social y mapear las brechas de cobertura en la región. Este tipo de índice resulta estratégico para organizaciones multilaterales, gobiernos y empresas que buscan entender la magnitud del trabajo informal juvenil: según datos del Banco Mundial, más del 55% de los trabajadores en América Latina y el Caribe opera en la informalidad, con una concentración desproporcionada en personas menores de 30 años. Para los directivos de recursos humanos y los estrategas de expansión regional, estos indicadores señalan tanto un riesgo operativo —escasez de talento calificado y formalizado— como una oportunidad de diferenciación competitiva mediante esquemas de contratación formal atractivos.
Se prevé que los hallazgos sean presentados ante instituciones nacionales, la comunidad académica y actores del sector privado en el marco de un foro regional sobre formalización laboral programado para antes de que concluya 2026. Más allá del debate académico, los resultados tienen implicaciones directas para la agenda corporativa: las empresas que operen en mercados iberoamericanos deberán anticipar marcos regulatorios más exigentes en materia de formalización, así como una mayor presión social para garantizar acceso a prestaciones de seguridad social a trabajadores jóvenes. Incorporar estos hallazgos en la planificación de fuerza laboral y en las estrategias de responsabilidad social no es solo una decisión ética, sino una ventaja competitiva medible en retención de talento y reputación institucional.



