Siete semanas de depreciación del peso marcan la peor racha cambiaria en cinco años
Siete semanas consecutivas de depreciación han colocado al peso mexicano en su peor ciclo de caída desde 2019, con una pérdida acumulada del 10.49% equivalente a 1.77 pesos. El tipo de cambio cerró el periodo en torno a los 18.66 pesos por dólar, tras oscilar entre 18.37 y 18.85 unidades durante la semana, niveles que no se registraban desde septiembre de 2025. Para dimensionar la magnitud del fenómeno: la racha comparable de julio-agosto de 2019 acumuló apenas un 5.65% de pérdida en el mismo número de semanas, y la mayor caída histórica reciente —ocho semanas entre octubre y noviembre de 2018— sumó un 9.02%. El episodio actual supera ambos precedentes en intensidad relativa.
Detrás de la presión cambiaria operan dos fuerzas convergentes. Por un lado, el desmantelamiento masivo de posiciones de carry trade: inversionistas que habían apostado por el diferencial de tasas entre México y Estados Unidos están deshaciendo esas posiciones ante la expectativa de que la Reserva Federal podría mantener un tono restrictivo —o incluso elevar nuevamente su tasa de referencia— en su próxima reunión de política monetaria. Cuando ese diferencial se comprime, el atractivo del peso como moneda de alto rendimiento se erosiona y los flujos de capital se revierten. Por otro lado, crece la aversión al riesgo vinculada al deterioro estructural de la economía mexicana: los indicadores actuales apuntan a un crecimiento del PIB del 1% trimestral y 1.8% anual, cifras que, si bien positivas, conviven con señales de fragilidad que podrían limitar la expansión a mediano plazo.
En el contexto global, el peso mexicano no es el único afectado: el florín húngaro, el zloty polaco y el peso chileno también registraron caídas significativas durante el periodo, mientras que el rublo ruso y el real brasileño se apreciaron. En lo que va del año, la lira turca y el peso chileno encabezan las pérdidas acumuladas, en tanto que el peso colombiano y el real brasileño muestran desempeños positivos. Para los directivos y estrategas corporativos en México, este ciclo de volatilidad cambiaria tiene implicaciones directas: encarece importaciones, presiona márgenes en cadenas de suministro con componente dólar y obliga a revisar coberturas financieras. Según el Banco de México y análisis del sector privado, la incertidumbre sobre el diferencial de tasas seguirá siendo el principal catalizador del tipo de cambio en los próximos trimestres, lo que convierte la gestión del riesgo cambiario en una prioridad estratégica de primer orden para cualquier empresa con exposición a divisas.


