Perspectivas del tipo de cambio y economía dominicana hacia 2026
Presiones cambiarias y señales macroeconómicas marcan el escenario financiero de República Dominicana. El dólar estadounidense cerró operaciones en 60,35 pesos dominicanos, registrando una caída del 1,26% respecto al cierre anterior y un descenso del 4,8% en términos interanuales. La volatilidad del tipo de cambio se ubica en 28,8%, nivel significativamente superior a la referencia histórica del 15,33%, lo que indica un periodo de mayor incertidumbre en el mercado cambiario. Este comportamiento responde a una combinación de factores internos y externos, entre ellos las decisiones de política monetaria del Banco Central dominicano y de la Reserva Federal de Estados Unidos, así como la dinámica de las importaciones y la demanda interna de divisas.
De cara al mediano plazo, el Banco Central estima que el tipo de cambio alcanzará aproximadamente 66,35 pesos por dólar en septiembre de 2026 y cerca de 69,15 pesos un año después, configurando una trayectoria de depreciación gradual y controlada. En paralelo, las proyecciones de crecimiento real del PIB apuntan hacia el 4%, impulsadas por tasas de interés más bajas y un entorno externo más estable que favorecería la recuperación del sector turístico. En materia fiscal, el gobierno ha aprobado un presupuesto suplementario que amplía el gasto de capital en 0,4% del PIB para 2025, elevando el déficit global al 3,5% del PIB. Para 2026, se proyecta un déficit fiscal de 3,2% del PIB y un superávit primario de 0,5%, en una estrategia orientada a sostener la actividad económica sin comprometer la estabilidad de las finanzas públicas.
Desde la perspectiva de la inversión y el financiamiento externo, la inversión extranjera directa neta se estima entre 3,5% y 4,0% del PIB, con turismo, energía, comercio e inmobiliario como sectores de mayor atracción. Los superávits generados por exportaciones de servicios y remesas compensarían los déficits en cuenta corriente, que se proyectan en torno al 2-2,5% del PIB para 2025 y 2026. La deuda pública bruta se mantendría estable cerca del 58% del PIB en los próximos 12 a 18 meses, siempre que no ocurran choques macroeconómicos imprevistos. Los principales riesgos identificados incluyen eventos climáticos adversos y desafíos de gobernabilidad, factores recurrentes en economías emergentes de la región, aunque el balance general de indicadores se mantiene en terreno positivo para el horizonte analizado.



