Vocación universitaria y memoria jurídica: el legado de un jurista mexicano
Más de cuatro décadas de docencia, investigación y gestión institucional definen la trayectoria de Fernando Serrano Migallón, uno de los juristas mexicanos cuya obra conecta el derecho constitucional, la historia y la memoria del exilio español en México. Su perfil ilustra un modelo de académico comprometido con la formación universitaria integral, cada vez más escaso en el ecosistema de educación superior latinoamericano.
Licenciado en Derecho y Economía, y doctor en Historia por la UNAM, Serrano Migallón ejerció como abogado general de la Universidad en dos ocasiones y dirigió la Facultad de Derecho entre 2000 y 2008. Durante esa gestión impulsó la renovación de planes de estudio, incorporó preespecializaciones y amplió la presencia del arte en los espacios académicos, bajo la convicción de que la formación jurídica no puede desvincularse del contexto cultural, político e histórico que da sentido a las normas. Su preparación en el Instituto Internacional de Administración Pública de París y en la Academia de Derecho Internacional de La Haya reforzó una perspectiva transversal que se tradujo en una producción académica de más de cincuenta libros.
Entre sus obras más relevantes destaca 'La vida constitucional de México', desarrollada en diez tomos, y 'Historia mínima de las constituciones en México', que traza el desarrollo del orden jurídico fundamental del país desde sus antecedentes hasta las reformas a la Constitución de 1917. Paralela a esta línea, su investigación sobre el exilio republicano español —plasmada en títulos como 'La inteligencia peregrina' y 'El asilo político en México'— aportó un enfoque que combina el análisis jurídico con la memoria histórica y la experiencia biográfica. Nacido en 1945 en el seno de una familia de exiliados españoles, Serrano Migallón convirtió esa herencia personal en objeto de estudio riguroso, demostrando que la proximidad con el fenómeno no resta objetividad cuando se sostiene en método. Su figura representa un recordatorio para las instituciones de educación superior sobre el valor estratégico de cultivar académicos que integren docencia, investigación y servicio público en una sola vocación.



