Infraestructura ferroviaria interurbana: señales de madurez en la conectividad metropolitana
Avanza a ritmo sostenido uno de los proyectos ferroviarios más relevantes del centro de México: un corredor interurbano de 58.12 kilómetros de vía doble electrificada que conectará un aeropuerto internacional con la capital del estado de Hidalgo. Con un avance reportado del 34.80% en obra civil, el proyecto ha alcanzado una fase crítica: la colocación de trabes y columnas en el tramo elevado, particularmente en la zona de Xaltocan, sobre el Circuito Exterior Mexiquense. La infraestructura contempla dos viaductos que suman 5.89 kilómetros, cuatro subestaciones eléctricas y más de 51 kilómetros de corte y terraplén, en su mayoría sobre derechos de vía preexistentes, lo que ha acelerado los tiempos de ejecución.
Desde una perspectiva de movilidad regional, el proyecto responde a una tendencia global documentada por organismos como el Banco Mundial y la OCDE: la integración de nodos aeroportuarios con redes ferroviarias metropolitanas como palanca de competitividad territorial. El servicio operará exclusivamente para pasajeros, con trenes eléctricos capaces de alcanzar 120 km/h y una capacidad de hasta 718 personas por viaje. En paralelo, el Gobierno federal ha publicado un decreto que autoriza la expropiación de 98 inmuebles en municipios del Estado de México —Zumpango, Tecámac y Temascalapa— para garantizar el trazo continuo, con indemnizaciones a propietarios que acrediten derechos legales sobre los predios.
Para los estrategas de infraestructura y los tomadores de decisiones en logística y desarrollo urbano, este corredor representa una señal de reconfiguración del mapa de conectividad en la megalópolis central de México. La línea se integrará al tramo Lechería-AIFA del Tren Suburbano, creando un sistema multimodal que articula tres entidades federativas. Aunque la tarifa definitiva aún no ha sido anunciada oficialmente, analistas del sector estiman que el esquema de precios seguirá el modelo escalonado por tramo ya aplicado en otros corredores ferroviarios del país. El horizonte de operación, proyectado para aproximadamente un año y medio después del inicio de construcción, sitúa este proyecto como un indicador temprano del ritmo al que México está reconstruyendo su infraestructura ferroviaria de pasajeros tras décadas de abandono.



