UK charity shop profits plummet amid shift in secondhand clothes market

Paradojas del mercado de segunda mano: mientras el gasto en ropa usada en el Reino Unido se ha cuadruplicado en la última década hasta alcanzar 8,800 millones de libras anuales, las organizaciones sin fines de lucro que históricamente dominaron ese segmento registran caídas severas en rentabilidad. El fenómeno expone una fractura estructural entre el crecimiento del mercado y la distribución de sus beneficios, con implicaciones que trascienden al sector social y apuntan hacia transformaciones más amplias en los modelos de economía circular.

Las cifras son contundentes. Oxfam reportó una caída del 23% en sus ganancias minoristas, pasando de 6.4 millones a 4.9 millones de libras en su último ejercicio fiscal. Más revelador aún: por cada 100 libras gastadas en sus tiendas, solo 6 se destinan actualmente a programas de alivio a la pobreza global, frente a 22 libras en 2022. La Fundación Británica del Corazón, con la mayor red de puntos de venta físicos del país y casi 3,700 empleados, vio caer sus ganancias de 18.8 millones de libras en 2024 a apenas 3.6 millones en el año fiscal cerrado en marzo de 2025, lo que derivó en un plan de cierre de 150 tiendas en dos fases hacia 2028. Cancer Research UK y Scope siguen una tendencia similar. El diagnóstico compartido por estas organizaciones apunta a un "entorno comercial excepcionalmente desafiante", pero los factores de fondo son más estructurales que coyunturales.

Dos fuerzas convergen para explicar el deterioro. Por un lado, plataformas como Vinted y Depop han reconfigurado el comportamiento del donante tradicional: quienes antes entregaban prendas a tiendas solidarias ahora las venden directamente a otros consumidores, capturando el valor económico que antes cedían al sector social. Este cambio de comportamiento no solo reduce el volumen de donaciones, sino que selecciona negativamente su calidad, dejando a las organizaciones con prendas de menor valor comercial. Tansy Hoskins, autora especializada en economía de la moda solidaria, describe una "avalancha" de artículos de baja calidad provenientes de la moda rápida, que las tiendas deben clasificar, almacenar y en muchos casos desechar a un costo operativo creciente. Por otro lado, la competencia en mercados emergentes —especialmente en África, destino tradicional de excedentes textiles— se intensifica con la entrada de operadores de origen asiático que introducen volúmenes masivos de ropa a precios muy bajos, erosionando otro canal de monetización. Frente a este escenario, los estrategas corporativos y los inversores en economía circular deben considerar que el modelo de tienda física con base en donaciones enfrenta presiones sistémicas que ninguna eficiencia operativa puede compensar por sí sola. La pregunta relevante para la próxima década no es si este modelo sobrevivirá en su forma actual —la evidencia sugiere que no—, sino qué arquitecturas híbridas entre plataformas digitales, logística inversa y propósito social podrían reemplazarlo con mayor viabilidad financiera y mayor impacto medible.