Organizaciones sindicales han expresado preocupación ante las limitaciones propuestas en la política de contratos de cero horas, argumentando que los criterios de elegibilidad podrían comprometer los compromisos originales de reforma laboral. La disputa refleja una tensión creciente entre objetivos de protección laboral y consideraciones de viabilidad operativa en empresas de diferentes tamaños.
La propuesta central incluye un límite superior de horas que determinaría quién califica para el nuevo derecho a un contrato que refleje las horas efectivamente trabajadas. Trabajadores cuyo contrato actual les garantice más horas que este límite —que podría oscilar entre 8 y 48 horas— quedarían excluidos del beneficio. Además, un "requisito de regularidad" sugerido por el gobierno podría dejar fuera a un número considerable de trabajadores. Líderes sindicales advierten que estos criterios restrictivos transformarían una medida de protección universal en un beneficio accesible solo para un segmento limitado de la fuerza laboral.
Estimaciones oficiales del gobierno sugieren que una política más amplia podría costar a las empresas hasta £2.9 mil millones anuales, cifra que ha sido utilizada por grupos empresariales para cuestionar la viabilidad de la reforma. Sin embargo, análisis sindicales cuestionan estos cálculos, señalando que asumen que los empleadores no modificarán sus modelos de negocio. Datos del mismo documento de consulta indican que los turnos irregulares e impredecibles cuestan a uno de cada tres trabajadores en contratos de cero horas aproximadamente £3,000 al año en ingresos perdidos e inseguridad financiera, sugiriendo que los costos reales de la inacción también son sustanciales.
La implementación de cambios relacionados con contratos de cero horas está programada para el próximo año, pero aún quedan detalles significativos por definir. La consulta pública sobre estas medidas se cierra próximamente, en un momento en que la presión de múltiples actores —sindicatos, empleadores y gobierno— busca influir en la arquitectura final de la política. Esta negociación refleja un dilema estructural en la regulación laboral contemporánea: cómo expandir derechos de trabajadores sin generar desincentivos para la contratación en economías con márgenes operativos ajustados.



