Fragmentación de paisajes y sobreexplotación de acuíferos han comprometido la funcionalidad de los corredores ecológicos en uno de los humedales más emblemáticos de Europa. La intensificación agrícola en los últimos años ha transformado bosques en campos de cultivo, alterado ríos y riberas, y dificultado el movimiento de especies migratorias que dependen de estas conexiones naturales para desplazarse entre diferentes áreas protegidas.
Un análisis reciente basado en ortofotografías e imágenes satelitales revela la magnitud del problema: 140 hectáreas de cultivos en invernadero, 83 balsas de riego y 66 pozos ocupan actualmente los corredores ecológicos designados. Estos datos evidencian una permisividad administrativa ante la ocupación agrícola de áreas clave para la conectividad del espacio natural. Según evaluaciones independientes, el 75% de las acciones necesarias para recuperar la conectividad aún no han comenzado, mientras que el 25% restante solo ha registrado avances parciales. Un plan especial aprobado hace más de una década contemplaba ocho medidas de restauración, ninguna de las cuales ha sido completada.
Organismos internacionales han emitido advertencias críticas: el espacio podría ser incluido en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro si no se implementan medidas urgentes. La restauración de estos corredores requiere tanto voluntad política como coordinación entre administraciones locales, regionales y nacionales. Existen mecanismos de financiación disponibles que podrían facilitar la desfragmentación del espacio y la implementación funcional de las conexiones ecológicas, pero su utilización depende de decisiones administrativas que hasta ahora no se han concretado. La función de estos cauces es esencial para restablecer aguas superficiales y mitigar la erosión provocada por la proliferación de infraestructuras agrícolas.



