Disparidades profundas marcan el acceso a educación, empleo y bienestar en la juventud latinoamericana, donde el origen social actúa como determinante casi irreversible de futuro. Mientras algunos jóvenes transitan hacia estudios superiores y empleos formales, otros quedan atrapados en ciclos de precariedad laboral, abandono educativo y exclusión sistemática del mercado de trabajo.

Un análisis basado en datos de encuestas de deuda social correspondientes al período 2021-2025 documenta esta realidad para jóvenes de entre 18 y 25 años. El estudio revela que uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja, cifra que se eleva al 34.2% en el estrato socioeconómico muy bajo, en contraste con apenas el 8.3% en el estrato medio alto. Las diferencias en acceso a educación son aún más pronunciadas: mientras el 69% de jóvenes del estrato medio alto ha iniciado o completado estudios superiores, solo el 64.7% de aquellos en el estrato muy bajo ha terminado la escolaridad obligatoria.

La capacidad de dedicarse exclusivamente a estudios está fuertemente condicionada por posición socioeconómica. En el estrato medio alto, el 41.2% de jóvenes se dedica a estudiar; en el estrato muy bajo, esta proporción cae al 15.6%. Este fenómeno refleja una realidad más compleja que simples categorías estadísticas: muchos jóvenes ingresan al mercado laboral en condiciones informales y precarias, limitando posibilidades reales de movilidad social ascendente.

Mercado laboral presenta imagen igualmente desigual. Solo el 14.2% de jóvenes accede a empleo pleno de derechos. En contraste, el 22.5% combina empleo irregular con desempleo reciente, y un 10.7% permanece desempleado durante más de seis meses. A medida que desciende la escala socioeconómica, disminuye cantidad de empleos regulares mientras aumentan inserciones precarias y desempleo prolongado.

Desigualdades se extienden más allá de educación y empleo, abarcando bienestar psicológico, redes de apoyo y experiencias de violencia de género. Expertos señalan que estas diferencias no pueden atribuirse únicamente a esfuerzo personal, sino que reflejan ausencia de condiciones sociales necesarias para sostener trayectorias educativas y laborales exitosas. Fenómeno requiere atención urgente de tomadores de decisiones en la región, dado que perpetúa ciclos intergeneracionales de pobreza y exclusión social.