Por Carlos Saldívar


El envejecimiento dejó de ser un tema que se evita. Para una nueva generación como la Z (los nacidos entre 1997 y 2012), hablar de longevidad es hablar de cultura, de estilo de vida y de aspiraciones. Ya no se trata de ocultar el paso del tiempo, sino de enfrentarlo con prácticas que prolonguen la vitalidad y aseguren calidad en cada etapa.


Un estudio de McKinsey & Company (2025) confirma que los consumidores jóvenes, especialmente la generación Z, destinan una proporción mayor de su gasto al bienestar que otras generaciones, convirtiéndolo en parte de su identidad cotidiana. Para ellos, estar saludables no significa solo apariencia física, sino energía, confianza y productividad. Investigaciones recientes destacan que 56% de los jóvenes de entre 18 y 29 años consideran la salud y el fitness como una prioridad muy alta, frente al 40% de la población general.


La diferencia está en la prevención. Dormir con profundidad, mantener claridad mental, regenerar las células y cuidar la nutrición diaria son hábitos que se han convertido en símbolos de distinción. La longevidad activa no es un destino lejano, sino un capital que se construye día a día, con constancia y disciplina.


Estudios recientes confirman esta transición. De acuerdo con un estudio también de McKinsey & Company, 80% de las personas consideran el bienestar como prioridad cotidiana. Esa convicción se traduce en inversión: los consumidores destinan más recursos a nutracéuticos, tecnologías de bienestar y rituales de autocuidado que a bienes tradicionales. La prevención se convierte en un nuevo lujo, porque garantiza continuidad en la vida activa.


En México, Bëne Add lifeenfocada en el bienestar integral, interpreta esta transformación desde la ciencia. Su portafolio se organiza en tres rutas: Cognitive, que acompaña la mente y el descanso; Longevity, enfocada en energía celular y regeneración; y Essentials, que establece la base de la nutrición inteligente. Cada fórmula se concibe con pureza y respaldo clínico, integrándose al organismo como parte de un ritual cotidiano.


Ale Ponce, Nutritionist Advisor de Bëne, lo explica con claridad: “La forma en la que vivimos hoy define cómo nos vamos a sentir mañana. No es una cuestión de extremos, sino de constancia: pequeños hábitos que, sostenidos en el tiempo, construyen claridad, energía y equilibrio”. Esa constancia es la que convierte a la prevención en un nuevo lenguaje generacional.


La generación que quiere envejecer distinto no busca fórmulas mágicas ni soluciones rápidas. Prefiere prácticas sostenidas, transparencia en los ingredientes y coherencia entre lo que consume y lo que proyecta. La longevidad activa se convierte en un estilo de vida que comunica autenticidad y liderazgo.


El envejecimiento, entonces, deja de ser un límite y se transforma en una narrativa de poder. Quien logra sostener energía y vitalidad proyecta una riqueza distinta: la de habitar el tiempo con plenitud. Envejecer distinto es, para esta generación, el verdadero símbolo de estatus.