Cambios intensos en las temperaturas oceánicas están alterando fundamentalmente la distribución, reproducción y disponibilidad de especies de interés comercial en aguas mexicanas. Este fenómeno climático provoca que pescadores deban recorrer mayores distancias, consumir más combustible, invertir más tiempo y enfrentar creciente incertidumbre sobre los lugares donde pueden realizar sus capturas. Los cambios en el entorno marino ya generan retos significativos para las comunidades pesqueras del país.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha documentado que eventos intensos de este tipo modifican la disponibilidad de hábitat para numerosas especies y alteran de manera considerable la productividad pesquera a nivel global. Cuando el océano experimenta cambios, los organismos no desaparecen; se desplazan en busca de aguas con temperaturas más adecuadas o de zonas donde aún haya suficiente alimento. Este movimiento afecta directamente la disponibilidad de peces en diferentes áreas, impactando tanto a pescadores como a la seguridad alimentaria de poblaciones dependientes de estos recursos.

México enfrenta una vulnerabilidad estructural en este contexto: de 83 pesquerías marinas, 63 no cuentan con planes de manejo pesquero. Según el Semáforo de la Pesca, un 23% de estas pesquerías se encuentran en estado de "Deterioro" y un 27% en estado de "Precaución". Fortalecer políticas públicas que permitan la recuperación de pesquerías y aumenten su resiliencia es urgente. Los planes de manejo pesquero, elaborados con participación activa de pescadores y respaldados por información científica, son herramientas clave para lograr un aprovechamiento pesquero eficiente, dinámico y capaz de responder a nuevas condiciones ambientales. Esto es esencial para garantizar la presencia de pescados y mariscos en las mesas de las familias mexicanas y mantener la viabilidad económica de comunidades costeras.