Aragón concentra más de nueve millones de cabezas de ganado porcino, consolidándose como la comunidad autónoma líder en España en este sector. Solo la provincia de Huesca representa el 14.6% de la capacidad porcina nacional, según datos recientes del sector agrícola. En este contexto de alta densidad ganadera, un nuevo caso en Fraga pone sobre la mesa una práctica que organizaciones ambientales califican como un vacío legislativo deliberadamente explotado: el fraccionamiento de proyectos para eludir los controles ambientales más exigentes.
Desarrollos Ganaderos Aragón S.L.U. planea construir dos macrogranjas de lechones a apenas cuatro kilómetros de distancia entre sí. Al registrarlas como proyectos independientes, cada una con capacidad para 18,000 lechones, la empresa se mantiene justo por debajo del umbral de 18,050 lechones —equivalente a 361 unidades de ganado mayor— que obliga a obtener la Autorización Ambiental Integrada (AAI), el mecanismo de control más riguroso establecido por la legislación aragonesa. En conjunto, ambas instalaciones sumarían 36,000 cerdos y 720 unidades de ganado mayor, el doble del límite que activaría la supervisión del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA). Al quedar por debajo de ese umbral de forma individual, las granjas solo requieren una Licencia Ambiental de Actividad Clasificada (LAAC), un procedimiento administrativamente más ágil y con menor escrutinio técnico.
La organización Stop Ganadería Industrial ha denunciado que esta estrategia de fraccionamiento es un patrón recurrente en la región, no un caso aislado. Su coportavoz, Toni Jorge, la ha calificado como "una barbaridad" que no solo evita evaluaciones ambientales rigurosas, sino que también allana el camino para futuras ampliaciones sin revisión integral. Los datos de los propios proyectos ilustran la magnitud del impacto: ambas granjas consumirían más de 41 millones de litros de agua al año —el equivalente a 16 piscinas olímpicas—, provenientes de una concesión de riego local aún en trámite. Además, generarían anualmente 14,760 metros cúbicos de purines, casi seis piscinas olímpicas, con una carga de nitrógeno de 42,840 kilos. La preocupación por la contaminación de acuíferos con nitratos es creciente: estudios científicos han documentado el deterioro de las aguas subterráneas en zonas de alta concentración ganadera, un problema que la ausencia de una AAI deja sin evaluación sistemática en este caso.


