Siete toneladas de plástico reciclado transformadas en 850 bloques de construcción: así luce el futuro de la vivienda social cuando la economía circular deja de ser concepto y se convierte en infraestructura habitable. En Alajuelita, San José, Costa Rica, una vivienda unifamiliar completa fue edificada utilizando el sistema Bloqueplas, desarrollado por Ekojunto, en una alianza que reunió a organizaciones del sector social, corporaciones multinacionales y empresas de construcción sostenible. El resultado es una señal débil pero verificable de lo que podría escalar como modelo alternativo para atender déficits habitacionales en mercados emergentes.

Desde la perspectiva de negocio y política pública, el caso ilustra una convergencia de tendencias que Gartner y el Foro Económico Mundial han identificado como estructurales para la próxima década: la valorización de residuos como insumo productivo, la construcción modular de bajo costo y la colaboración intersectorial como mecanismo de financiamiento social. Los bloques Bloqueplas fueron diseñados para cumplir con el código sísmico costarricense vigente desde 2010, lo que resuelve uno de los principales obstáculos regulatorios que enfrentan los materiales alternativos en América Latina. Su sistema de ensamblaje —comparable al de piezas modulares encajables— permitió reducir tiempos de obra y habilitar la participación de voluntarios no especializados bajo supervisión técnica, con más de 800 horas de trabajo colaborativo registradas en este proyecto. Entorno, como parte del ecosistema que documenta y difunde estas iniciativas, ha seguido de cerca el desarrollo de modelos de construcción sostenible en la región.

Para estrategas e inversores, la pregunta relevante no es si este tipo de construcción es viable —este caso demuestra que lo es—, sino bajo qué condiciones puede replicarse a escala. McKinsey estima que el déficit habitacional en América Latina supera los 50 millones de unidades, concentrado en segmentos de ingreso bajo y medio-bajo donde los materiales convencionales resultan inaccesibles. Modelos que combinen reciclaje industrial, construcción modular y financiamiento mixto público-privado representan una oportunidad de mercado con impacto social medible. El reto de los próximos años será desarrollar cadenas de suministro estables de plástico reciclado, estandarizar los sistemas constructivos para su certificación masiva y diseñar esquemas financieros que permitan a familias como la de Cindy Mora —quien ahorró durante nueve años para adquirir un terreno— acceder a estas soluciones sin depender de alianzas extraordinarias.