Cultivos de trigo, maíz y avena que abastecen a millones de hogares en México enfrentan una presión creciente: erosión acelerada, pérdida de nutrientes y fenómenos climáticos cada vez más extremos. Ante este panorama, Grupo Bimbo ha escalado su programa de agricultura regenerativa hasta superar las 500,000 hectáreas para finales de 2025, lo que representa un crecimiento del 73% respecto a las 290,000 hectáreas registradas en 2024. El objetivo de largo plazo es que, para 2050, el 100% de sus ingredientes clave provenga de tierras gestionadas bajo este modelo. La señal es clara: las grandes cadenas de abastecimiento alimentario están comenzando a rediseñarse desde el origen. Según el Informe Anual Integrado 2025 de la compañía, la estrategia se articula en tres pilares: mejora de la salud del suelo, incremento de la biodiversidad y protección de ecosistemas. Cada programa debe incorporar al menos dos prácticas regenerativas —entre ellas rotación de cultivos, siembra directa, cultivos de cobertura, fertilizantes alternativos, riego eficiente y estabilizadores de nitrógeno— y medir seis indicadores de desempeño. La empresa trabaja en alianza con molinos, universidades y centros de investigación como el CIMMYT para adaptar estas prácticas a las condiciones locales de cada productor. Hasta ahora, más de 570 agricultores han sido capacitados en distintos países, con programas activos en Canadá, Estados Unidos, Brasil y el Reino Unido. Los investigadores advierten, sin embargo, que los beneficios de técnicas como la retención de residuos o la reducción de labranza dependen del contexto específico de cada territorio, por lo que la viabilidad económica y social debe evaluarse caso por caso. El contexto que da urgencia a esta transición es contundente: el 56.7% del territorio mexicano presenta algún grado de degradación del suelo, lo que compromete la producción agrícola, el acceso al agua y los medios de vida rurales. A escala global, más de la mitad de los suelos agrícolas muestra deterioro, y proyecciones científicas advierten que esa cifra podría alcanzar el 90% en 2050 si no se modifican las prácticas actuales. Para los estrategas corporativos y los inversores en cadenas de valor alimentaria, este escenario plantea una pregunta inevitable: ¿cuánto tiempo más pueden sostenerse modelos de abastecimiento que dependen de suelos en declive? La agricultura regenerativa no es aún una solución estandarizada, pero su adopción a escala por parte de actores industriales de gran tamaño marca un punto de inflexión en cómo la industria alimentaria concibe su relación con los recursos naturales.