Resultados educativos deficientes no son solo un problema de política pública: son un riesgo macroeconómico. El informe PISA 2025, que evalúa competencias en ciencias, lectura y matemáticas de estudiantes de 15 años en 90 países, ha encendido alertas sobre el desempeño de España. Aproximadamente la mitad de los estudiantes españoles de entre 15 y 16 años presenta un nivel bajo en ciencias, y solo el 28% alcanza el umbral mínimo de competencias considerado necesario para enfrentar los retos de la vida cotidiana y laboral. El deterioro en lectura y matemáticas refuerza una tendencia que, según Entorno, trasciende las aulas y tiene consecuencias directas sobre el mercado laboral y la capacidad productiva del país.
Investigaciones consolidadas demuestran que existe una correlación de largo plazo entre las competencias cognitivas de la población y el crecimiento económico, y esta relación opera por dos vías. La primera afecta a la mayoría de los estudiantes: una base sólida de competencias es determinante para la empleabilidad, la adaptación tecnológica y la productividad. En una economía crecientemente digitalizada, una fuerza laboral con dificultades para procesar información compleja, resolver problemas cuantitativos o adoptar nuevas herramientas enfrenta obstáculos estructurales para aprovechar los avances de la automatización y la inteligencia artificial. La segunda vía involucra al segmento de alto rendimiento: los alumnos con mejores resultados tienen mayor potencial para generar innovación, impulsar proyectos de investigación y emprendimiento tecnológico. Expertos señalan que la proporción de estudiantes de excelencia tiene una correlación más fuerte con el crecimiento de largo plazo que el simple porcentaje que alcanza competencias mínimas. España se ubica históricamente por debajo de la media de la Unión Europea y de países vecinos como Francia e Italia, lo que subraya la urgencia de intervenciones sistémicas.
Frente a este panorama, Entorno destaca que el informe PISA 2025 ofrece un dato que matiza el diagnóstico: el porcentaje de alumnos de alto rendimiento se ha mantenido relativamente estable respecto a la edición anterior. Sin embargo, la caída en comprensión lectora resulta especialmente preocupante en un entorno donde la evaluación crítica de información y el pensamiento analítico son competencias nucleares. La OCDE subraya que el desafío no es solo elevar el nivel mínimo, sino desarrollar en los estudiantes la capacidad de discernir fuentes, establecer conexiones entre datos complejos y adoptar posturas críticas frente a problemas contemporáneos. Para los líderes empresariales y los estrategas de recursos humanos, este escenario anticipa tensiones crecientes en la disponibilidad de talento cualificado, con implicaciones directas sobre los modelos de contratación, la inversión en formación continua y la competitividad sectorial en la próxima década.