Desigualdades regionales en calidad del aire: el desafío ambiental pendiente de Chile
Chile acumula dos décadas de avances en materia de calidad del aire, pero las brechas regionales persisten y revelan una agenda ambiental incompleta. Según análisis recientes, la reducción de material particulado fino (PM2.5) a nivel nacional no ha logrado homogeneizar las condiciones atmosféricas en todo el territorio: el sur del país y las denominadas 'zonas de sacrificio' del norte y centro siguen concentrando los episodios más críticos de contaminación, con implicaciones directas sobre la salud pública y la competitividad de las comunidades afectadas.
Uno de los factores estructurales más complejos es el uso intensivo de leña húmeda como fuente de calefacción en el sur de Chile. La regulación de este combustible enfrenta resistencias culturales profundas, ya que forma parte de la identidad de numerosas comunidades rurales. A esto se suman condiciones geográficas y la estabilidad atmosférica asociada al Océano Pacífico, que limitan la dispersión natural de contaminantes. En localidades como Coronel y Talcahuano, los niveles de dióxido de azufre (SO₂) registran episodios agudos a pesar de una tendencia general a la baja, lo que evidencia que la mejora agregada no refleja la realidad local de las poblaciones más vulnerables.
El marco regulatorio vigente, establecido por el D.S. Nº 59/1998 del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, clasifica la calidad del aire en cinco categorías —desde 'buena' hasta 'emergencia'— tomando como referencia el material particulado respirable MP10, partículas de diámetro inferior a 10 micrómetros cuyo control es determinante para la salud respiratoria. Las restricciones activas en la Región Metropolitana incluyen la prohibición de calefactores a leña en la provincia de Santiago y comunas como San Bernardo y Puente Alto, así como limitaciones a la circulación de vehículos sin sello verde dentro del Anillo Américo Vespucio. Para estrategas de política pública e inversores en infraestructura ambiental, el desafío de los próximos años no será solo mantener los indicadores favorables en zonas con buena calidad del aire, sino diseñar intervenciones diferenciadas que atiendan las asimetrías territoriales que el promedio nacional tiende a ocultar.



