Brechas de financiamiento frenan la infraestructura vial prioritaria en Perú

Asegurar el financiamiento para grandes proyectos de infraestructura vial se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo en Perú. El caso del túnel Pariachi —primera etapa de la nueva Carretera Central entre los distritos de Ate y Cieneguilla— ilustra con precisión este patrón: una obra declarada prioritaria por el Gobierno cuyo inicio depende de negociaciones activas entre el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, el PMO Vías y el Ministerio de Economía y Finanzas. La disponibilidad presupuestal, más que la voluntad política, define el ritmo real de ejecución.

El cronograma oficial proyecta el inicio de construcción para 2027, aunque la fecha de conclusión permanece abierta y estará determinada por la organización en fases del proyecto. La estimación inicial para activar los trabajos asciende a 600 millones de soles, cifra que refleja tanto la magnitud del desafío logístico como la complejidad del modelo de ejecución incremental adoptado por el Gobierno. Esta estrategia de avance por etapas, condicionada a la asignación presupuestal anual, es característica de economías con alta demanda de infraestructura y capacidad fiscal limitada, un escenario documentado por el Banco Interamericano de Desarrollo en su reporte sobre brechas de infraestructura en América Latina, que estima un déficit regional superior a los 150,000 millones de dólares anuales.

Desde una perspectiva de política pública y estrategia corporativa, el avance de la nueva Carretera Central constituye una señal de mediano plazo sobre la conectividad logística en la zona este de Lima, con implicaciones directas para las cadenas de suministro, el desarrollo inmobiliario industrial y el acceso a mercados regionales. Para inversores y estrategas con horizontes de 3 a 5 años, el indicador más relevante no es la fecha de inicio de obras, sino la velocidad con que el Gobierno estructure un esquema de financiamiento sostenible —ya sea vía presupuesto público, asociaciones público-privadas o instrumentos de deuda de largo plazo— que reduzca la incertidumbre de ejecución en el horizonte 2027-2030.