Inclusión femenina en el transporte público: hacia un sector más equitativo

Duplicar el número de mujeres al volante en el transporte público colectivo se ha convertido en un objetivo estratégico para operadores del sector en México. Actualmente, diversas concesionarias del país reportan 177 operadoras activas distribuidas en rutas urbanas de ciudades como Hermosillo y la Ciudad de México, donde cuatro organismos públicos —la Red de Transporte de Pasajeros, el Servicio de Transportes Eléctricos, Metrobús y el Organismo Regulador de Transporte— documentan 348 conductoras en servicio. A nivel nacional, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) registra 16,931 mujeres empleadas en el transporte colectivo urbano y suburbano de pasajeros en rutas fijas, una cifra que refleja un cambio gradual pero sostenido en la composición de esta fuerza laboral históricamente masculinizada.

Detrás de esta tendencia existe una presión estructural: la disminución de hombres en el oficio, atribuida a las exigencias operativas del sector, ha abierto una ventana de oportunidad para la incorporación femenina. Especialistas en movilidad urbana señalan que las operadoras muestran índices más bajos de ausentismo y mayor puntualidad, factores que impactan directamente en la eficiencia de los sistemas de transporte y en la percepción de calidad por parte de los usuarios. Estos indicadores de desempeño están llevando a empresas del sector a replantear sus estrategias de reclutamiento y retención de talento con perspectiva de género.

Para que esta transformación sea sostenible, los actores del sector coinciden en que no basta con atraer mujeres al volante: es necesario generar condiciones estructurales que garanticen su permanencia y desarrollo profesional. Esto implica desde adecuaciones en infraestructura —sanitarios, espacios de descanso— hasta programas de capacitación continua y esquemas de horarios compatibles con responsabilidades familiares. En un contexto donde el Foro Económico Mundial estima que cerrar la brecha de género en el mercado laboral podría añadir 12 billones de dólares al PIB global, la apuesta por la inclusión femenina en el transporte público no es solo una decisión de equidad: es una estrategia de competitividad operativa con implicaciones directas para la movilidad urbana del país.