La revolución de la infancia: por qué necesitamos niños felices
Por Erika Vilfort*
Tras la pandemia por COVID-19, se analizó a fondo su impacto en la salud mental. Los resultados fueron claros y preocupantes: muchos de nuestros hijos estaban tristes, ansiosos y emocionalmente afectados. Esta realidad encendió las alertas entre padres, educadores y especialistas, y nos llevó a formular una pregunta esencial: ¿cómo podemos criar niños felices?

El objetivo ya no puede centrarse solo en el cumplimiento escolar o en la excelencia académica. Aunque las calificaciones son relevantes, es necesario repensar si el éxito debe ser la única métrica que determine el valor de nuestros hijos. Ejemplos en países asiáticos nos invitan a reflexionar: ¿vale más una buena nota que una buena salud mental?
No existen fórmulas mágicas para alcanzar la felicidad, pero sí podemos trabajar por generar satisfacción personal. Educar en la aceptación de uno mismo, más allá del mérito y en función de nuestras propias circunstancias, es un paso esencial. No se trata de conformarse, sino de reconocer y valorar nuestras fortalezas desde una perspectiva más humana y compasiva.
Equivocarse no nos hace menos valiosos. No ser buenos en matemáticas no convierte a nadie en un mal estudiante. Tal vez ese mismo niño tenga una mente creativa y habilidades que el mundo de la inteligencia artificial sabrá apreciar. Necesitamos romper con las evaluaciones punitivas que siembran insatisfacción y daño emocional. Promover una educación integral, que valore distintas inteligencias y capacidades, es acercar la felicidad a nuestras aulas.
Los ingredientes de la felicidad infantil son sencillos pero poderosos: juego, imaginación y tiempo de calidad con mamá y papá. Jugar a ensuciarse los zapatos, correr descalzos entre hojas secas, explorar el mundo con ojos curiosos. De acuerdo con el periodista Andrés Oppenheimer en su libro ¡Cómo salir del pozo!, los niños que participan en proyectos colaborativos, desarrollan empatía, construyen redes comunitarias y aprenden en entornos verdes se sienten más felices y realizados.
Criar niños felices no es una utopía: es una responsabilidad compartida. Apostemos por una infancia donde el juego, la creatividad y la conexión humana sean tan importantes como cualquier examen.
*Erika Vilfort es Consultora y Fundadora de EVolution.