Mecanismos regulatorios de protección al consumidor se activan cuando desastres naturales generan interrupciones en cadenas de abastecimiento. Autoridades de competencia emiten directrices para evitar que comerciantes aprovechen situaciones de calamidad y creen escasez artificial o incrementos de precio sin justificación económica objetiva.

Esta estrategia de vigilancia se fundamenta en marcos legales que prohíben la fijación de precios inequitativos y acuerdos entre competidores que distorsionen la competencia. Durante emergencias, las restricciones en corredores viales, daños a infraestructura y afectaciones a cadenas de distribución generan presiones legítimas de costos. Sin embargo, reguladores distinguen entre aumentos justificados por incrementos reales de transporte y almacenamiento, versus especulación que limita acceso a bienes de primera necesidad. La regulación permite acuerdos entre competidores solo cuando son necesarios para atender la emergencia y generan beneficios reales para consumidores sin eliminar competencia.

Esta vigilancia también se extiende al cumplimiento de promociones y ofertas previamente anunciadas, asegurando que consumidores no sean perjudicados en momentos críticos. El enfoque reconoce que desastres naturales crean vulnerabilidades en mercados: restricciones en infraestructura vial, daños en actividades empresariales, afectaciones a fuentes de empleo e interrupciones en distribución. Estos factores pueden incrementar costos y tiempos de transporte de manera legítima. Sin embargo, la diferencia entre ajuste de precios por costos reales versus lucro indebido requiere supervisión activa de autoridades de competencia. Estudios sobre comportamiento de mercados en crisis muestran que sin vigilancia regulatoria, se produce concentración de oferta y aumentos de precio que pueden alcanzar 200-300% en bienes esenciales, afectando desproporcionadamente a poblaciones de menores ingresos.