Sucesión patrimonial y sospecha de homicidio: cuando la herencia empresarial llega a los tribunales
Treinta y tres testigos, entre ellos tres albaceas con vínculos directos a la cúpula directiva de una de las mayores empresas de moda de Europa, comparecerán ante una jueza española en el marco de una investigación por homicidio que tiene como telón de fondo una disputa sucesoria. El caso ilustra con crudeza uno de los riesgos menos abordados en la planificación estratégica de empresas familiares: la ausencia de estructuras de gobernanza que prevengan conflictos patrimoniales capaces de escalar hasta instancias penales.
Según la información disponible, el fundador de la compañía falleció en diciembre de 2024 en circunstancias que las autoridades catalanas —Mossos d'Esquadra, fiscalía y juzgado de instrucción— consideran sospechosas. Su hijo mayor fue detenido en mayo de 2026 y permanece bajo investigación por homicidio, aunque sin condena. El testamento, firmado en 2023, establecía una herencia igualitaria entre los tres hijos y contemplaba la creación de una fundación benéfica. Precisamente ese proyecto filantrópico es el que los investigadores analizan como posible móvil económico: la hipótesis es que la fundación podría haber reducido la participación del hijo mayor en el patrimonio familiar. Los albaceas designados —dos altos directivos de la empresa y un empresario del sector mediático— deberán aclarar ante la jueza el alcance real de esa intención.
Más allá de la dimensión judicial, el caso abre un debate relevante para estrategas y asesores de empresas familiares. Según datos del Instituto de la Empresa Familiar de España, más del 85% de las compañías familiares carecen de protocolos sucesorios formalizados que incluyan mecanismos de resolución de conflictos entre herederos. La investigación en curso pone de manifiesto que la planificación testamentaria, por sí sola, resulta insuficiente cuando no va acompañada de estructuras de gobernanza —consejos de familia, pactos de accionistas, fideicomisos— capaces de gestionar transiciones de liderazgo sin generar vacíos de poder ni incentivos perversos. Para el C-Level y los consejos de administración de empresas familiares, este caso representa una señal de alerta sobre la urgencia de institucionalizar los procesos sucesorios antes de que una crisis los haga inevitables.



