Cadenas de suministro en salud pública: claves para sostener el abasto farmacéutico

Sostener un nivel de abastecimiento del 97% en fármacos e insumos médicos a escala nacional se ha convertido en uno de los indicadores más exigentes para evaluar la capacidad operativa de un sistema de salud pública. En el caso de México, ese porcentaje —mantenido de forma sostenida durante el último ciclo anual— es resultado de esquemas logísticos que integran almacenamiento centralizado, distribución escalonada y coordinación con proveedores en un entorno de demanda institucional creciente.

Detrás de ese indicador existe una infraestructura de considerable magnitud. El centro nacional de distribución del sistema opera con más de 91 millones de piezas en inventario activo, de las cuales aproximadamente 70% corresponde a medicamentos y 30% a material de curación. A lo largo de un ciclo de diez meses, el sistema gestionó más de 239 millones de piezas médicas, con cerca de 24.8 millones ingresadas en un solo mes. La distribución hacia unidades de primer, segundo y tercer nivel de atención acumuló 196.8 millones de unidades entregadas, con cobertura activa en 786 unidades de salud distribuidas en las 32 entidades federativas. Estas cifras evidencian tanto la escala del desafío operativo como la necesidad de optimizar tiempos de embarque y recepción por región.

Para los estrategas de política pública y los directivos responsables de la cadena de suministro sanitaria, el 97% de abasto no representa un punto de llegada, sino un umbral de gestión que demanda atención continua. Mantenerlo exige la implementación de modelos predictivos de demanda, diversificación de proveedores y resiliencia ante interrupciones en cadenas de suministro globales —una lección acelerada por la pandemia de COVID-19 que transformó la operación logística de los sistemas de salud en toda América Latina. Según análisis del Banco Interamericano de Desarrollo, los países que invirtieron en digitalización de inventarios y en esquemas de abasto descentralizado mostraron mayor capacidad de respuesta ante choques externos. En ese marco, la logística sanitaria pública emerge como un campo estratégico que articula infraestructura física, gestión de datos en tiempo real y gobernanza institucional coordinada.