Pausa cambiaria del banco central: señales de reconfiguración en la política de reservas

Tres días consecutivos sin compras de divisas por parte de la autoridad monetaria argentina marcan un quiebre respecto al patrón dominante del año: entre enero y finales de octubre, el Banco Central había adquirido divisas en 194 de 199 jornadas cambiarias, una frecuencia de intervención que refleja la prioridad asignada a la reconstrucción de reservas internacionales como ancla de la estabilidad macroeconómica.

Detrás de esta pausa operan al menos dos factores concurrentes. Por un lado, la devaluación del real brasileño —cuyo tipo de cambio frente al dólar avanzó hasta 5.38 unidades tras el ciclo electoral en ese país— generó presiones de cobertura en el mercado local que encarecieron la intervención oficial. Por otro, hay indicios de que el Ministerio de Economía habría realizado compras propias por aproximadamente 44 millones de dólares, lo que sugiere una posible redistribución de roles entre el Tesoro y el Banco Central en la gestión del mercado cambiario. Si esta hipótesis se confirma, implicaría un ajuste táctico relevante: el organismo monetario cedería espacio operativo al fisco en determinadas ventanas del mercado.

En términos de reservas brutas, el stock cerró en 50.601 millones de dólares, un incremento marginal respecto a la jornada anterior que se explica por movimientos contables —pagos, depósitos del sector público y variaciones en la valuación de activos— y no por compras directas. Mientras tanto, el dólar mayorista alcanzó un nuevo máximo nominal de 1.541 pesos, con un alza acumulada del 1,6% en el mes, y el volumen negociado superó los 628 millones de dólares. En paralelo, los bonos soberanos en dólares registraron una segunda jornada de alzas del 0,5%, y el riesgo país retrocedió hasta 735 puntos básicos, con mejoras concentradas en los títulos Globales bajo ley de Nueva York. Para los estrategas corporativos y los equipos de tesorería, la clave en las próximas semanas será monitorear si esta pausa es transitoria o anticipa un cambio más estructural en el esquema de intervención cambiaria, especialmente en el contexto de las negociaciones en curso con el Fondo Monetario Internacional, que podrían derivar en un desembolso cercano a 900 millones de dólares en diciembre.