Sobreproducción de agave en México: señales de alerta para una industria de exportación clave
Señales de tensión estructural se acumulan en uno de los sectores agroindustriales más relevantes de México: la cadena productiva del agave enfrenta una saturación de mercado derivada de una expansión acelerada de plantaciones que no encontró contrapeso en la demanda. Según datos de la Secretaría de Agricultura, la superficie cultivada de agave en Jalisco creció 92% entre 2019 y 2025, al pasar de 69,737 a 133,954 hectáreas. Este incremento, lejos de traducirse en mayor rentabilidad para los productores, ha generado una caída sostenida en los precios del agave en campo, afectando de forma desproporcionada a los pequeños agricultores que carecen de contratos de largo plazo con grandes casas tequileras.
La paradoja es significativa: mientras la superficie cultivada se duplicó, las exportaciones de tequila alcanzaron 397.1 millones de litros en 2025, con ingresos superiores a los 3,500 millones de dólares, consolidando al destilado como uno de los principales productos de exportación del país. Sin embargo, el valor generado en la cima de la cadena no se ha distribuido equitativamente hacia los eslabones primarios. Este desacoplamiento entre producción agrícola y captura de valor en el mercado final es un patrón recurrente en commodities con denominación de origen, donde la marca-país concentra márgenes en el segmento industrial y comercial, no en el productor de materia prima.
Ante este escenario, el Gobierno federal y representantes del sector acordaron desarrollar un plan integral que contempla la actualización de registros de plantaciones, la diversificación de usos industriales del agave, la recuperación de zonas deforestadas y el fortalecimiento de la presencia comercial en mercados asiáticos. También se incluyó en la agenda el combate al picudo del agave, plaga que representa un riesgo fitosanitario de escala para las plantaciones jaliscienses. Para los estrategas corporativos y tomadores de decisión en el sector agroalimentario, este caso ilustra un riesgo sistémico frecuentemente subestimado: la expansión de capacidad productiva sin gobernanza de mercado puede erosionar la rentabilidad de toda una cadena, incluso cuando la demanda global del producto final permanece robusta. Las mesas de trabajo acordadas aún no tienen plazos ni recursos definidos, lo que sugiere que el proceso de implementación enfrentará las fricciones habituales de coordinación entre actores públicos, privados y productores primarios.


