Negociaciones en curso entre Canadá y Estados Unidos centran el debate en aranceles automotrices que han representado un desafío significativo para ambos países. Se está considerando la posibilidad de reducir la tasa arancelaria del 25% impuesta por la Sección 232 de EE.UU. a un 15% para los vehículos canadienses, con reducciones adicionales que dependerían de la proporción de contenido estadounidense presente en cada vehículo.

Uno de los principales puntos de desacuerdo radica en la metodología utilizada para medir el contenido de los vehículos. La posición estadounidense se enfoca en acreditar únicamente las partes fabricadas internamente, limitando el reconocimiento de contribuciones de otros países. Por su parte, Canadá aboga por un enfoque más inclusivo que considere componentes fabricados en América del Norte, abarcando tanto los provenientes de su propio país como los de México. Esta divergencia metodológica tiene implicaciones profundas para las cadenas de suministro regionales, que han operado durante décadas bajo marcos de integración progresiva.

Este desarrollo es crucial para tomadores de decisiones en México y la región, dado que cualquier cambio en las políticas arancelarias tendrá impacto significativo en la industria automotriz, un sector vital para la economía de ambos países. La resolución de estas negociaciones afectará no solo el comercio bilateral, sino también la competitividad de las empresas automotrices en el mercado global. Las decisiones sobre cómo se contabiliza el contenido regional determinarán si las cadenas de valor integradas permanecen viables o si se produce una fragmentación que redefina la geografía productiva del sector.